Una opinión de un trianero: ¿ESTÁ CAPACITADA ESTA MUJER PARA EL CARGO?

susana-diaz-triana

Conste -aunque todos los que leéis este blog lo sabéis- que no estoy atado, ni por filiación o devoción, a ningún partido político. Lo que quiere decir que me da igual alabar o criticar, o dejar de hacerlo, a unos y otros según lo que hagan y cómo. Esta fotografía de Susana Díaz -la que al parecer va ser a la Presidenta de la Junta de Andalucía-, fue tomada en la sede de la Tenencia de Alcaldía de Triana cuando ella representó ese cargo de Delegada (2003-2004), con más penas que glorias, y en cuyo desarrollo no dejó ninguna huella de su memoria para beneficio de tan insigne y viejo arrabal. Sus conversaciones me dejaban más vacío que un saco de marihuana revisado por la Guardia Civil. Creo que había mucho aserrín de las antiguas carpinterías de la calle Tejares en un cuerpo que -claramente por la juventud- aún estaba ciertamente modelado. Del ayer al hoy ha pasado mucho tiempo,  aunque no tanto, pero lo que aún no me explico, no me lo puedo explicar, por muchas veces que pase la película en el telón de mi memoria, es cómo esta mujer, más bien básica, ha podido llegar a lo más alto de esta gran Comunidad Autónoma para regir sus destinos.
Dios y ayuda me costó, durante más de cuarenta años de trabajo -cuarenta y uno y medio justos, para ser concreto- llegar a tener un modesto cargo en mi empresa, pésimamente valorado y peor pagado: ¡Artistas! A esta chica sólo le ha servido ser fiel, constante, machacona y presencial en un partido político para lograr la gloria. ¿No fui yo fiel con mi empresa? Pero la Política es otra cosa, para qué engañarnos. Su biografía tiene menos datos que la de “El Bizco Amate”, y sus vivencias -tan sólo dentro del seno del Partido- se quedan en nada si la comparamos con la del gran amigo tabernero -desaparecido para la vida en enero del pasado año- Pepe “Peregil”.
Creo que Susana es un invento del PSOE/A, pero un mediocre invento. Menos mal que lo están poniendo a prueba con gaseosa, aunque bien es verdad que no sabemos cuánto nos va a costar esa “gaseosa” de una mujer lisa, sin currículum apabullante, subida al Poder por Griñán, que ha querido quitarse del escenario político andaluz para que no le corte la cabeza las alas de la avioneta de los EREs.
Andalucía, mi territorio, esa comunidad a la que tanto amo y que tanto tenemos que defender para desmontar sus mitos, esta vieja y rancia Andalucía, tan acostumbrada a pernadas de todos los que por aquí pasaron, tierra de artistas admirables en todos los géneros, creo que siempre se ha sostenido a sí misma por su carácter, estimo que mágico, por su fuerza, y por la laboriosidad de sus hombres y mujeres. Nadie vino a defenderla, sino a apoderarse de ella con los medios que fuese: con armas bélicas o con votos pagados. El PSOE se llevó de aquí lo mejor de nuestras ubres a base de regalías -como ya antes habían hecho los Austrias y Borbones-, por medio de subvenciones para salir votados una y otra vez. Ochenta y siete mil y pico de kilómetros cuadrados conforman esta región, la mayor de España y una de las mayores de Europa, mayor que muchos países,  con pueblos que doblan o triplican la población de muchas ciudades españolas; hasta barrios, como el mío de nacimiento, Triana, que supera en habitantes -ya no hablamos de Arte en general- a muchas poblaciones con capitalidad…
Pero nadie tomó en serio a Andalucía, ninguno de sus políticos tras la merienda de la recién llegada Democracia. Volvieron de nuevo a los tiempos feudales, a las amistades eternas, al reparto de reinos, ducados y marquesados. Los que quería abolir el sistema, sencillamente se volvieron a meter en el sistema: cenas de galas, conocimientos y amistades con duquesas y maestrantes, visitas a palacios. ¿Y el pueblo? El pueblo -desgraciadamente tan analfabeto-, vivía en la gloria con estos nuevos reyes que les ponían un polideportivo a pie de casa; una piscina climatizada; unos juegos gimnásticos en parques infantiles para octogenarios; unos viajes a Tenerife o Mallorca que eran un bombón; unas rumanas que llevaban sus carritos por los bulevares de las ciudades y de las calles principales de los pueblos… ¡Tiempos idos desde que voló el último billete de 500 que había en las arcas!
Yo, a mi edad, no le tengo miedo a nada, y quizás la muerte -después de la mi mujer- sea la máxima felicidad que pueda ocurrirme. Pero, mientras siga vivo, sí le tengo miedo al diario porvenir, el de mis tres hijos y el de mis cinco nietos. ¿Es éste el futuro que les he dejado? ¿Ésta ha sido mi herencia? ¿Para tanta desvergüenza  me he roto en trozos luchando por la Libertad?
Temo que Susana Díaz no tiene la capacidad suficiente para regir nuestro destino, entre otras cosas porque creo que la coge un mediocre becario de la Universidad más normalita y la funde en dos segundos. Esa es mi opinión particular. Pienso, siempre personalmente, que esta chica no está preparada para regir los destinos de una Andalucía en la que habitaron todas las generaciones del mundo: tartesios, íberos, celtas, fenicios, cartagineses, vándalos, alanos, romanos, musulmanes, judíos, cristianos, conversos  y perversos…, gente de bien y gente canalla de nuevo cuño que nos rompieron a todos las esperanzas más íntimas.
Mas, si se desconoce aquello: ¿qué va a decir Susana Díaz de los escandalosos trapicheos de los EREs, de los temas de Mercasevilla, de las partidas sin control, de cómo gente sin relieve alguno, por el simple hecho de ser políticos -como ella-,  se convirtieron en amos, dueños y señores/as de Andalucía con disfrute de posesiones, millonarias, a costa del Estado, del erario público, como en los tiempos de Franco, en las Sierras de Cazorla y Segura, en todo el litoral andaluz, en los sitios más hermosos de nuestra diversa y gran geografía…. ¿Qué puede saber esta mujer del contencioso con Gibraltar, al menos que meta trescientos asesores que la apoyen…? ¿Y quién pagará a esos trescientos asesores? Pues las quitas a la Seguridad Social, a la Educación, a las pensiones, al estado del bienestar. Ni más ni menos.
Creo que cuando alguien se va, pero se le ha votado, debe hacerse una nueva elección y no nombrar a dedo al sustituto. En España, y muy singularmente en Andalucía, ya da igual todo. Se nombra a dedo a quien haya que nombrar, como hacían los antiguos cardenales del Vaticano, o como en nuestros tiempos lo hizo el propio Aznar. Pero, dentro de lo malo,  claro está que no es lo mismo designar como sucesor a un eximio político/a, a un hombre -o mujer- libre, inteligente y con más que demostrada valía que a esta mujer -para mí que muy inmadura-, para regir los destinos de la mayor Comunidad de España y, por supuesto, la que va en la cabeza del paro y de otras tristes estadísticas.
Todas estas palabras me las meto por donde la espalda pierde su honesto nombre si Susana Díaz, a la que le deseo lo mejor, defiende a Andalucía con la misma pasión que yo lo hago desde esta página y muchos millones de andaluces.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *