Felipe González: «No estoy seguro de que el PSOE tenga claro lo que quiere»

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Felipe González (Sevilla, 1942) llegó a presidente del Gobierno a la tercera. Se plantó en Moncloa en 1982 con doscientos dos diputados y allí permaneció, tras ganar cuatro elecciones, hasta 1996. Veinte años después irrumpe en un despacho de la Gran Vía madrileña con el mismo ímpetu, acompañado por un señor parapetado tras un iPad que toma asiento y graba en vídeo toda la conversación. Solo enfoca al expresidente durante las algo más de dos horas en las que González repasa los claroscuros de su carrera. El histórico líder socialista está relajado e incluso bromea con el paso del tiempo: «El otro día una chica joven me pidió una foto y me dijo “¡No sabe la ilusión que le va a hacer a mi abuela!”. Me partí de risa, claro. Y fui consciente de mis setenta y cuatro años, porque hace treinta y cinco la foto la habría querido para ella». El felipismo ha entrado en otra etapa.

Le dijo a Antonio Caño en su última entrevista en El País: «tenemos que dignificar el trabajo superando la precariedad y mejorando los salarios». Desde 1984 los trabajadores hemos ido perdiendo derechos en España gobernase el PP o el PSOE con una serie de reformas laborales siempre en la misma dirección, culminadas con la de 2011, la más regresiva. Cuando habla de dignificar el trabajo, ¿a qué marco legal se refiere, a cuál volvería? ¿Al de antes de 2011?, ¿antes de 2010?, ¿antes de 2002?, ¿1994?, ¿89?

Hemos cometido errores en la adaptación de los marcos legales a la realidad desde el comienzo de la Transición. El modelo franquista era de paternalismo represivo. Típico del discurso falangista, un paternalismo con los trabajadores, pero al mismo tiempo muy represivo. La propia definición del contrato de trabajo del franquismo era teóricamente más revolucionaria que la de la República. No creo que lo redactara Largo Caballero, pero de su Ministerio de Trabajo salió una ley que decía que el contrato había que entenderlo en sus propios términos salvo demostración en contrario. Cuando llega el franquismo y sus leyes, deciden que el contrato de trabajo se entiende siempre como indefinido salvo demostración en contrario. No obstante, en realidad para los empresarios no era una gran traba, porque no había libertad sindical, pero sí para despedir al que les daba la gana por otras razones distintas a las que se alegaban en la carta de despido. Porque el trabajador provocaba conflictos, etcétera… Yo me dediqué mucho tiempo a esto como abogado laboralista.

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