Volando voy, bolaños vengo

“La juez Núñez Bolaños ha vislumbrado en los últimos días de la campaña electoral que en los próximos meses archivará la pieza política de la macrocausa de la formación”

“Su profético auto de archivo ha sonado a música celestial al régimen andaluz sin que ninguno de sus gregarios, a la cabeza estapresidenta, haya maldecido la ocurrencia de la titular del número seis

 jueza bolaños

Si ayer me refería a la aparente normalidad con la que asumimos las escuchas ilegales (de otros, naturalmente), hoy le toca turno a la insondable postura que mostramos no ya ante filtraciones de sumarios judiciales sino frente a -¡más difícil todavía!- filtraciones de futuras decisiones que -per se- deberían suponer que, hoy por hoy, no están tomadas.

Pues bien, la juez Núñez Bolaños ha vislumbrado en los últimos días de la campaña electoral que en los próximos meses archivará la pieza política de la macrocausa de la formación, pese a que queden testigos por declarar, a que las acusaciones hayan pedido que se practiquen nuevas diligencias y a que aún reste el informe último de la Fiscalía Anticorrupción.

Parece claro que a estas alturas la magistrada que aterrizó, mediante concurso de méritos, en el Juzgado de Instrucción Nº 6 de Sevilla, tras una repentina fiebre de seducción por la jurisdicción penal, mejor dicho por ese concreto órgano judicial (“¿por qué será?”, decía La Bombi), barrunta, más bien tiene claro que dará carpetazo a la causa en la que se investiga a 24 ex altos cargos de la Junta, al apreciar irregularidades administrativas donde su antecesora veía posibles delitos.

Lorenzo del Río, presidente del TSJA, hablaba hace bien poco de una regla no escrita (“los jueces no deben interferir en las campañas electorales con sus resoluciones”). También se dice en el mundillo del derecho que los jueces hablan mediante autos o sentencias. La juez Alaya se convirtió en la diana preferida de los portacoces socialistas cuando sus resoluciones aparecían en fechas cercanas a citas electorales. No es el caso de su sustituta, cuyo profético auto de archivo ha sonado a música celestial al régimen andaluz sin que ninguno de sus gregarios, a la cabeza estapresidenta, haya maldecido la ocurrencia de la titular del número seis.

La eterna vara de medir responsabilidades y/o golfadas no abandona el rincón de los mediocres: los que exigen la dimisión “por corrupción” de un ministro pánfilo que se deja grabar en su despacho, no aprecian motivo parecido en los ex presidentes andaluces imputados porque “no se han llevado un duro”, queriéndonos atizar a los poresitos incultos desde su jacobina instrucción que la prevaricación o la malversación no son delitos de corrupción, al tiempo que ahora esconden bajo siete llaves en el baúl de los recuerdos las valoraciones de hace justo un par de meses del consejero de Llera, cuando entendía que “los jueces de instrucción actúan como reyes de taifa” o proclamaba que “los fiscales no son independientes”, mientras –alamismavé que diría aquél-  la Diputación de Sevilla reconocía hace un mes la “encomiástica y abnegada labor” de la fiscal jefe de Sevilla, inminente Medalla de Andalucía y, si no, al tiempo.

María José Segarra, hagamos memoria, discípula de Carlos Jiménez Villarejo, llegó al cargo en noviembre de 2004, tras la victoria electoral de ZP y fue nombrada por el entonces fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido. El pasado año, la actual mandamás de los fiscales, saltándose a piola la propuesta del Consejo Fiscal que otorgó el respaldo mayoritario al fiscal Luis Fernández, la respaldó para un tercer mandato que la llevará al filo de los 20 años al frente de la fiscalía sevillana.

 

Termino como ayer: No aprenden, no.

 

 

Paco Romero

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