El PSOE en clave de amor romántico

 

En las elecciones de 1982, España demostró su amor sin condiciones dándole una mayoría absolutísima de 202 escaños, nunca superada. Todo era una constante luna de miel. Aquel Felipe González enamoraba sólo con abrir la boca. Sus viajes por Europa en busca de la modernidad cautivaban incluso a los escépticos. El PSOE era irresistible.

zp pedro

Las abuelas veían en Felipe González al yerno protector que no las dejaría solas en la ancianidad. Las hijas veían en el líder socialista al novio, marido y padre perfecto de sus hijos. Y los hijos veían al padre capaz de levantar la casa destruida durante los 40 años de dictadura.

En este clima de pasión sin límites, se fue fraguando la relación entre el PSOE y la mayoría de la ciudadanía española. Vinieron los primeras discusiones importantes, huelgas generales y privatizaciones de empresas públicas estratégicas, pero una sonrisa de Felipe González era suficiente para convencer a sus enamorados de que todo era por el bien de la relación.

Nuevas elecciones y, aunque la pasión ya no era la misma, los resultados indicaban que la relación seguía teniendo una salud de hierro. Hubo infidelidades, pero se pudieron mantener en la intimidad de la alcoba y la relación se mantuvo a flote.

A pesar de los primeros cuernos, la novia – la España sencilla y trabajadora- continuaba enamorada de aquel hombre elegante, apuesto, inteligente, locuaz, vivarás y lo suficientemente moderado como para caer bien tanto a la gente sencilla como a los poderes económicos. El novio ya no era inmaculado, pero aún era capaz de iluminar la mirada de su enamorada con sólo mirarla.

Entramos en los años 90 y las infidelidades cada vez eran más evidentes. Se privatizaron las principales empresas estratégicas y el banco público. Se abrió la puerta a las empresas de trabajo temporal y a los contratos basura. Se sucedieron las huelgas generales. Televisión Española informaba de lo que quería que fuera la realidad en lugar de la realidad. Se bajaron radicalmente impuestos a los más ricos y se acumulaban los casos de corrupción.

El novio era infiel, pero continuaba contando con el perdón de gran parte de su población enamorada. A quienes se fueron de casa y dejaron de votar, se les acusaba de fomentar la victoria de la derecha y de estar locos de atar. Llegó 1996 y Felipe González no fue capaz de seguir enamorando: perdió el poder de su mirada.

Vino 2004, y después de ocho de años de maltrato con José María Aznar, el pueblo desilusionado dio una segunda oportunidad con la confianza puesta en desalojar a Aznar del Palacio de la Moncloa. “No nos falles”, le dijeron a Zapatero la noche de la victoria electoral, como queriéndole decir que esta sí que sería la última oportunidad si el PSOE volvía a fallar a la gente sencilla.

De 2004 a 2008, el PSOE sigue privatizando, bajando impuestos a los ricos y fomentando un modelo económico insostenible e injusto, aliñado con leyes tan modernas como la del matrimonio igualitario, la ley de plazos de interrupción voluntaria del embarazo, ley de identidad de género y la retirada de las tropas de la Guerra de Irak. Como aún la familia se podía permitir irse quince días de vacaciones, la relación sigue funcionando.

Llega 2008 y el PSOE recibe de nuevo el visto bueno de su pueblo, quien lo vota para que gestione una crisis de la que se niega la existencia. Y llega un primer plan de recortes que va a la yugular de la relación de pareja. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, le dicen a la familia. Y se cambian las normas de la convivencia unilateralmente, la Constitución. Sienta a la familia en la mesa y le dice que primero la hipoteca y luego dar de comer a los hijos, la educación y la sanidad. La relación ya es insostenible y, aunque los casos de corrupción no paran de avergonzar a la familia, la convivencia no cesa.

Un buen día, el 15M, tantas infidelidades y deslealtades a la pareja toman forma en la Puerta del Sol. Allí, en el foro madrileño están las abuelas, los abuelos, las novias y novios, los hijos e hijas y hasta los nietos y nietas de la relación de amor profundo que nació en 1982. Se quejan de que ya no aguantan más y de que tantos años de convivencia ha sido una farsa. Rompen las fotos del matrimonio y se despiden de los recuerdos para siempre. Quieren ser felices y encontrar un amor sincero. Y unos pocos años más tarde nace Podemos, el nuevo amor de la gente sencilla.

El PSOE, en lugar de comprender el daño causado y hacer méritos propio para que el desamor no se agrande, delira, insulta, usa el lenguaje de la derecha, manda a los antidisturbios, desahucia y criminaliza a la familia por irse de casa sin pedir permiso y buscar un nuevo hogar, cálido, protector y sincero.

Y así, el PSOE pasa de ser el gran amor de los españoles a ser la gran desilusión que cree que castigando a su antiguo amor, por liberarse y buscar en casa ajena lo que en la propia ya hace tiempo que no existe, logrará reconquistar el amor perdido. Y llegarán las elecciones del próximo domingo y un partido con 150 años de historia, que ha gobernado un tercio de la Era democrática de España, pasará seguramente a los anales de la Historia por haber desatendido a una sociedad a la que ya no le sirven las lágrimas de cocodrilo ni las palabras vacías que un día se usaron para enamorarla. Se rompió el amor de no usarlo.

 

@RaulSolisEU 

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