Ya es primavera en el Ministerio de Hacienda

Como cada año, ya está aquí la entrañable campaña de “recaudación” del Ministerio de Hacienda.
Alegres y certeros eslóganes para concienciarnos de que paguemos “nuestros” impuestos (y tan bien impuestos, ya le digo).

Para empezar por el principio, hagamos saber la máxima que nos va a guiar por el enmarañado proceso de desencriptar qué demonios es eso de los “impuestos”.
Escuchemos la voz de San George Carlin, santo varón:

Tengo ciertas reglas por las que me guío en mi vida. Mi primera regla: no me creo nada de lo que el gobierno me diga.

Teniendo esto prístinamente claro, podemos empezar.

Observemos con atención la nauseabunda propaganda institucional:

“Si no fuera por tus impuestos sería imposible continuar la cadena” Si es que no lo pueden decir más claro. Y encima le tutean.

“Contribuimos para recibir…” …por donde amarga el pepino.

A ver si lo hemos entendido bien… un grupo de personas, elegidas por un comité, decide que va a quedarse con un porcentaje arbitrario de su hacienda y de sus ingresos, aduciendo que son necesarios para “mantener las infraestructuras”, los “servicios”, las “garantías constitucionales”, la “seguridad” o cualquier otro eufemismo que esté de moda. Estos eufemismos son acumulables y al final suponen mucho más de la mitad de lo que usted administra.
Usted no tiene ningún control sobre el uso o la distribución de esos “impuestos”. Solo se le permite elegir entre unos gestores puestos a dedo, que en realidad trabajan todos para el mismo amo.
Usted no puede negarse a recibir el “servicio”, bajo pena de multa o prisión.
Si se niega a contribuir, será coaccionado a obedecer.

Un ejemplo palmario de esto son las organizaciones mafiosas, por ejemplo.
La única diferencia entre estas y los estados es que unos son legales y las otras ilegales.
Y bueno, además una de estas organizaciones tiene mucha más clase y estilo. Llevan bonitas metralletas y elegantes limusinas de época y dan ambiente al barrio con sus peleas y chascarrillos.

Si es que no hay color. ¡Lleve usted una metralleta o un sombrero ladeado al menos, por dios!
Berlusconi y su pistola, Churchill y su ametralladora. Hay que aprender de los maestros.

Si pregunta usted al común de los mortales le dirá que los impuestos son necesarios para pagar las carreteras, los colegios, los hospitales, las pensiones… ¡oh, qué bonito!
Incluso en el impreso para la declaración de la renta ponen un gráfico de esos de quesitos donde se indica en qué se gastan los impuestos.
Y el común de los mortales, con su blanca candidez, se lo cree…

La realidad es que el  grueso de los impuestos va a los negocios de los que controlan el país. Y las infraestructuras “públicas” son un negocio, por ejemplo.

Primero se construye la carretera, con fondos públicos (léase estatales) y luego se alquila para su explotación a una empresa privada. Y todos pagamos otra vez por usar lo que ya hemos pagado.

Primero se construye el hospital, con fondos estatales (que todos, lo queramos o no, engrosamos cada vez que compramos o vendemos algo, cada vez que trabajamos…) y luego se alquila a una empresa privada para su explotación. Y todos pagamos otra vez por usar lo que ya hemos pagado.

En los hospitales ya le dan la factura de lo que ha costado su tratamiento, y en la prensa bombardean con lo “costoso” de la sanidad. Nos van preparando para que parezca “normal” pagar por lo que ya es nuestro. Publicado por elcorreo.com

Primero se llena la hucha de las pensiones y luego se invierte en un fondo especulativo, para que al final no solo no quede dinero, sino que acabemos teniendo que pagar la deuda que, sin duda, se va a generar.

Si las pensiones no se sufragan con impuestos, ¿de qué cojones estamos hablando…? No pasa nada, establezcamos un “sistema de financiación complementario”, que aún se puede estrujar más a estos idiotas. Publicado por Diario Público

¿Es usted contratista y quiere trabajar para su ayuntamiento? Asegúrese de presentar el presupuesto más caro. Sólo así será aprobado.
Cuanto más caro el presupuesto, más comisión se lleva el interfecto.

¿Cuántas rotondas caben en su pueblo? Seguro que, con un poco de imaginación, se pueden hacer dos o tres más.
Y asegúrese de gastar todo el dinero que se le haya asignado, porque sino en el próximo “ejercicio” se le concederá menos cantidad.

Venda usted la compañía eléctrica y llévese un buen pellizco.
Venda usted el agua del país y llévese un buen pellizco.
Venda usted los transportes y llévese un buen pellizco.
Venda usted la salud y llévese un buen pellizco.

Y siga usted cobrando cada vez más impuestos con la excusa de mantener el tinglado, que éstos no se enteran de nada.

Esto… Rodrigo, majete… que tenemos que hacer como si diéramos ejemplo y te vamos a empurar un poco. Pero no te preocupes que en unos meses todo se olvida y a vivir, chavalote… Por cierto, buen trabajo. Nos hemos forrado.

¿Que los obtusos incompetentes pierden toda la pasta en la bolsa de valores y quiebran todos los bancos? No pasa nada, el comité de expertos elegidos democráticamente por los representantes elegidos democráticamente decide que todos tenemos que reponer las pérdidas de la banca privada, democrática y solidariamente.

Y recuerde, usted no puede negarse o lo metemos en la carcel, primate repugnante. Que para eso ha elegido democráticamente.

Baje ese dedo y no se haga el listillo, que lo empuramos. ¿O es que no sabe que ni gestos ni palabras soeces son permitidas?

El Estado es una empresa, y tiene un dueño. Todas las actividades del Estado van destinadas a fortalecerlo, no al bienestar de sus ciudadanos. Los habitantes del territorio dominado por el Estado son un activo más, y como tal son tratados. Elegimos el color del administrador, pero nada más. No saber esto es lamentable. No querer saberlo, injustificable.

Esta forma de organización social es conocida y practicada desde hace mucho tiempo. Se llama Feudalismo. Se llama Esclavitud.

El dueño del territorio dispone también de las personas que lo habitan, lo quieran estas o no.

Pero no nos engañemos, queridos y queridas lectores y lectoras.
Somos todos, con nuestro consentimiento, con nuestra desidia, indolencia, dejadez, miedo y demás atributos que nos adornan, los que permitimos que todo esto suceda.

Afortunadamente, a escondidas, podemos golpear una cacerola, parapetados tras nuestros balcones, para mostrar nuestro descontento.

“Oh, ¿odias tu trabajo? ¿Por qué no lo dijiste antes? Hay un grupo de apoyo para eso. Se llama TODO EL MUNDO y se reunen en los bares.” George Carlin: ¡Santo Varón!

 

 

MALDITA PROPAGANDA

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