Separados por el poder, unidos por el fraude

chaves - griñan

Manolo y Pepe. Dos amigos unidos por la política y separados por la política. Dos compañeros que dejaron de hablarse por el poder y que se ven vinculados otra vez, ahora por la corrupción. Dos ex presidentes que han marcado la historia de Andalucía, que lo han sido todo durante 20 años, y que se dirigen al banquillo lamentándose de que la sombra de la deshonra les acompañe al final de sus trayectorias.

«Dolor», «sufrimiento», «injusticia» son palabras que se repiten en el socialismo andaluz por sus casos, pero en privado. En público, ambos han sido borrados de la historia oficial por Susana Díaz, que ni siquiera los invitó al gran mitin del PSOE-A celebrado el 28 de febrero para conmemorar el Día de Andalucía.

Abandonados por el partido del que fueron presidentes, en el que ya ni siquiera militan, ambos dedican sus días a los libros. Griñán escribe unas memorias casi más personales que políticas, mientras Chaves se deja ver en la biblioteca del Parlamento consultando volúmenes jurídicos. Ya no van juntos al cine, como cuando compartían el Gobierno andaluz.

El proceso de sucesión acabó enfrentándolos en otoño de 2009 por el control del PSOE-A. Griñán veía maniobras de Chaves en cada movimiento del sector crítico que le surgió. Su divorcio fue patente hasta 2014, cuando el caso ERE los volvió a unir. «Pepe, Susana nos ha matado. Es como si nos hubiese clavado un puñal». La noche del 7 de noviembre, Chaves cogió el teléfono y llamó a su antiguo amigo, con el que hacía mucho tiempo que no hablaba, para lamentarse por el anuncio de la presidenta de que tendrían que abandonar sus escaños si resultaban imputados por los ERE.

Ambos comenzaron su militancia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y han tenido trayectorias paralelas. Manuel María Chaves González (Ceuta, 7 de julio de 1945) fue ministro de Trabajo y Seguridad Social durante los gobiernos de Felipe González. En el año 1990, fue candidato a la Junta de Andalucía contra su voluntad. El partido quería retirar a José Rodríguez de la Borbolla y destinó a Chaves a Andalucía a pesar de su resistencia. «Candidato a palos», lo llamaron.

Chaves ganó las elecciones y comenzó a construir un sistema clientelar que ahora da la cara en casos como los ERE y la formación. La paz social se compraba a golpe de talonario público y su poder crecía en el partido. Con muchas dificultades, en cinco años superó las disputas entre guerristas y renovadores y logró hacerse con el control. Tras ganar el congreso delPSOE-A de 1994 y su victoria electoral en 1996, logró pacificar el PSOE-A a través del reparto de cuotas del Gobierno andaluz. Cada federación obtenía una serie de consejerías y los cientos de cargos públicos que dependían de ella, en función de su poder interno y de su lealtad. Es el sistema que aprendió y reproduce Susana Díaz.

Durante la Semana Santa de 2009, José Luis Rodríguez Zapatero decretó su relevo.Chaves se volvió a resistir y terminó accediendo a cambio de que su sucesora no fuera la elegida por el secretario general, Mar Moreno, sino su amigo José Antonio Griñán. Pepe ya lo había acompañado en su primer Gobierno andaluz como consejero de Salud (1990). Dos años después, Griñán (Madrid, 7 de junio de 1946) fue nombrado ministro de Sanidad de Felipe González y luego de Trabajo. En 2004 volvió al Ejecutivo de Chaves como titular de Economía y Hacienda -cargo por el que ahora está procesado- y en 2008 se convirtió en vicepresidente segundo de la Junta, tercero en el organigrama tras el todopoderoso Gaspar Zarrías.

Chaves, al volver a Madrid como vicepresidente de Zapatero, dejó a su amigo al frente del Gobierno, pero no del partido. Esa bicefalia acabaría enfrentándolos.

Por su parte, el presidente Griñán intentó emprender importantes reformas en el Gobierno y en el PSOE. Eliminó las cuotas provinciales, primó la meritocracia, recuperó el papel de los funcionarios y anunció la limitación de mandatos. Todos esos proyectos se vieron truncados, ya que el avance del caso ERE terminó minando su ánimo. En las autonómicas de 2012, el PSOE perdió por primera vez las elecciones, pero retuvo la Junta gracias a un pacto con IU. Un año después, Griñán renunció sin admitir que abandonaba por temor a ser imputado. Dejó en el cargo a Díaz -que controlaba elPSOE-A- para evitar guerras internas.

EL MUNDO

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