Democracia Forzosa

 

Dijo Ortega que “el mando y, por consiguiente, el Estado son siempre, en última instancia, violencia”

Y como el movimiento se demuestra andando, he aquí el titular:

“Ya ha tenido lugar el juicio contra el objetor electoral Adrián Vaíllo”, publicado por el Grupo Antimilitarista Tortuga:

O colaboras o multa o carcel. La fiesta de la democracia.

No es que Ortega sea santo de nuestra devoción, pero desde luego conocía muy bien como funciona el Estado. Eso no se le puede negar. Además, contribuyó muy mucho a que ahora nosotros disfrutemos de la democracia a punta de pistola. ¡Gracias, hombre!

¡Qué campechano y elegante! ¡Y además nos sacó del “atraso”!

En efecto; la democracia es un sistema tan perfecto que el simple acto de pensar sobre ella y disentir razonadamente está penado.
Si usted cree que, en conciencia, no puede colaborar, evidentemente está equivocado y merece un correctivo, por gilipollas.

Casi tres mil tracatracas u ocho meses de prisión, ¡y somos magnánimos malditos inconformistas, antisistema, radicales, jipiosos, gandules… !. ¡Vais a ver lo que es la democracia en acción!

¡Iconoclastas! ¡Antropopitecos! ¡Filibusteros! ¡Caníbales! ¡Marinos de agua dulce!

Es verdad, son magnánimos. A muchísimas otras personas se las bombardea para que disfruten de la democracia.
Son las ventajas de vivir en el “primer mundo”.

No vamos a discutir aquí la conveniencia de tal sistema de gobierno. Cualquiera que se moleste en investigar un poco y preguntarse cosas acabará descubriendo el pastel. Diremos solo que tomar decisiones por mayoría es síntoma de una sociedad desunida, que no se conoce ni respeta, y que por lo tanto no puede vivir en comunidad. Vivir en comunidad da como resultado tomar decisiones por común acuerdo, entre iguales. Levantar la mano para decidir es un acto frío y triste. Un acto solitario, egoísta y sin amor.
Personas mueren y sufren por votación.

Más bien queremos lanzar una idea al aire:
demonizamos a los políticos, a los funcionarios, a muchísima gente que son parte del sistema de dominación. Los culpamos por obligarnos a hacer algo que no queremos hacer.
Si lo pensamos bien, la mayor parte de las personas en esas posiciones se limitan a ordenar algo, pero son otros, todos nosotros, los que obedecemos.
Usted siempre tiene la opción de no obedecer.
Eso no significa que tal decisión no tenga consecuencias, pero no es posible negar que uno puede decidir, a pesar de todo.
Usar como excusa el “yo solo seguía órdenes” no tiene ningún valor porque, aunque se quiera, no se puede delegar la responsabilidad de los actos a terceros.
Si uno aprieta el gatillo no puede culpar a nadie más, aunque no hacerlo implique el morir.
Lo que está bien es lo que está bien y a la verdad no le importa si nacemos o morimos. Sigue siendo la verdad.

Así pues… ¿quién nos esclaviza? Nosotros mismos.

Afortunadamente, hay personas aún que anteponen lo que está bien a las consecuencias. Si muchos más siguiéramos su ejemplo, otro gallo nos cantaría.

¡Olé tus huevos! ¡Valiente!

Mucho tienen que cambiar las cosas para que otros hagan lo que ha hecho este hombre. Vivimos en un mundo en el que pedimos permiso para hacer manifestaciones y se nos da un horario que respetamos escrupulosamente.
Y todo porque preferimos la falsa seguridad de un fascismo protector en lugar de tomar la responsabilidad de nuestras vidas.

¡Menos mal que aún hay unos pocos que dan ejemplo!

Bueno, bueno, ya está bien. Circulen, circulen. Olviden todo esto. Ya pasó todo, nada que ver aquí…

 

 

 

MALDITA PROPAGANDA

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