Ródope de Triana

rodope de triana

Leo con estupor que las fuerzas vivas, los poderes fácticos, el todo Madrid y hasta el sursuncorda encarnado en la oronda humanidad del Rasputín de Cazalilla, se han dado cita en el Ritz para oír a la “esperanza de Triana”. Más de 600, estiman los papeles, estuvieron en ese desayuno. Por supuesto, el Ritz. Como corresponde a una socialista de Triana -¡Arriba parias de la tierra!- Es difícil entender esta querencia al lujo y al relumbrón que tienen los socialistas. Cosa de genes y esnobismo, seguramente. ¡No lo iban a celebrar en la taberna de Pica Lagartos con toda la chusma!, dirán sus palmeros.

Hasta los más ilustres gacetilleros de la Corte se han hecho eco del espectáculo. Ahí está, sin ir más lejos, Raúl del Pozo que le ha dedicado su columna en El Mundo: Susana, la “reina Sol”. Columna, para mi gusto, más que meliflua empalagosa y menos empalagosa que untuosa. Dice Raúl que le llaman así los de Izquierda Unida; ellos sabrán por qué, puesto que han estado en su gobierno hasta el domingo por la tarde, como dicen en mi pueblo.

Yo, por mi parte, de apodarla para esta ocasión, la hubiese llamado Ródope (la de mejillas de rosa). Como la célebre cortesana griega del siglo VI a.C., coetánea de Esopo, Ródope de Tracia. Ródope de Triana, pues.

Cuenta Heliodoro de Emesa en las Etiópicas -y así lo cita Robert Burton en su “Anatomía de la melancolía”, una de las más bellas obras de la literatura y uno de los más grandes compendios de sabiduría- que el encanto de Ródope era tal que hasta el mismísimo Calasiris, sacerdote de Isis y reverendo anciano, se lamentaba de que, al ver por casualidad en Menfis a la traciana Rodopis, no pudo ya apartar sus ojos de ella: “No ocultaré que ella se apoderó de mí con su presencia y que incluso asaltó mi celibato, que yo había preservado hasta mi avanzada edad…”.

Debía ser así, porque otro cultísimo escritor –Laurence Sterne- en su obra “Tristram Shandy”, una eminente joya de la literatura inglesa, citando a “no sé yo quién”, anotó que “Ródope de Tracia producía una fascinación tan ineludible, y atraía de tal manera a la gente, que si uno se encontraba con ella, le resultaba imposible no quedar cautivado”, como le ocurrió al anciano Calasiris.

Y es que, desde mi ciudadanía andaluza y mi condición funcionarial, que me obligan a padecer –lo quiera o no- las consecuencias de los actos de nuestra trianera Ródope, me resulta difícil comprender que tal sujeto (o sujeta, en la neolengua del régimen) pueda provocar fascinación alguna en ningún ser racional y decente. Si sometemos a riguroso escrutinio sus actos y sus palabras, nada encontraremos en ellos digno de admiración. Más bien lo contrario. Su discurso es una retórica vana –ni siquiera helada y laboriosa nadería, como diría Borges-, pues carece en absoluto de aportación personal alguna; es una sarta de lugares comunes, de uso común entre la casta política -también hay que decirlo, especialmente estólida en esta desdichada Andalucía-. Sus actos y sus logros, ahí están. Y no digamos nada de su catadura moral, de la que prácticamente a diario da muestras la prensa que no está bajo su férula.

Fruto –vano- de una nueva casta de políticos profesionales que no han trabajado en su vida, sólo reconozco a nuestra Ródope el discutible mérito de poseer, a falta de inteligencia, un depurado oficio para el medro y la maquinación y un fuerte instinto maquiavélico de supervivencia. Del que, por cierto, han sabido dar muestras los más autoritarios gobernantes que en el mundo han sido. Como las malas hierbas, nadie que valga más que ella puede medrar a su lado.

Ante tan irracional fascinación, yo me pregunto: ¿es este un país de idiotas o de sinvergüenzas?

Por cierto –para sobreponer al estupor la indignación-, ¿Qué hacía en dicho acto Gaspar Zarrías, imputado en una de las piezas del expolio de los Ere? ¿Quién lo había invitado? ¿En concepto de qué? ¿Es que lo tienen secretamente colocado en algún carguito?

Y sigo preguntando, ¿Qué habría pasado si en lugar de Susana hubiese sido Rajoy el conferenciante; y en lugar de Zarrías, el invitado hubiese sido Bárcenas? ¿Se imaginan la que se hubiese armado? Pues eso, algo huele a podrido en el PSOE.

 

JOSE LUIS ROLDAN

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