«El modelo intervencionista de Andalucía es evidente que ha fracasado»

Daniel Lacalle, en las oficinas sevillanas de Tressis Gestión, donde mantuvo un encuentro con inversores - JUAN FLORES
Daniel Lacalle, en las oficinas sevillanas de Tressis Gestión, donde mantuvo un encuentro con inversores – JUAN FLORES

Daniel Lacalle sostiene que hay «un sistema de incentivos perverso» que frena el empleo

 

Daniel Lacalle (Madrid, 1967) se ha dado a conocer ante el gran público con sus apariciones en tertulias televisivas en prime time, donde explica los asuntos económico-financieros desde su óptica liberal, con un lenguaje inteligible hasta para párvulos, que esquematiza en una pizarra colegial. Autor de varios libros de divulgación como «Acabemos con el paro» o, el último, «La pizarra de Lacalle», su carrera en gestión de carteras e inversión comenzó en Estados Unidos y continuó en Londres, donde reside la mitad del tiempo. Colaboró con Esperanza Aguirre en las últimas elecciones a la alcaldía madrileña. Esta semana ha mantenido un encuentro con inversores en Sevilla como director de inversiones de la sociedad de valores y gestión de patrimonios Tressis.

—¿Qué recetas prescribiría para acabar con el paro andaluz?

—Andalucía es la región con más potencial y, a la vez, con más trabas para crear empleo y empresas de toda España. Es una pena que, por infraestructuras, localización y acceso a África y a mercados emergentes, tenga un potencial enorme y que, sin embargo, sea la región donde encuentras la mayor dificultad y lentitud para crear empresas. Es lo que yo llamo el tsunami burocrático y fiscal. En Andalucía se está llevando a cabo una política donde todo se plantea desde el intervencionismo y desde la idea de que cuánto más se gaste desde el sector público mejor. Y creo que después de 35 años es evidente que no ha funcionado.

—¿Es real el 30% de paro andaluz o hasta del 35% en algunos puntos de Cádiz?

—Si hubiese un paro de un 35% habría una revolución. Hay un fraude en las subvenciones al desempleo, aunque se ha hecho un gran trabajo y se han aflorado 350.000 puestos de trabajo que estaban en la economía sumergida en España. Se calcula que hay 1,5 millones de empleos escondidos, de gente que está trabajando y apuntada al paro. Pero, en cualquier caso, a mi no me importa considerar esas cifras de paro porque es verdad que mucho de ese empleo oculto también es subempleo. A mi lo que me interesa es que haya empleo de calidad.

—¿Y cuál es el problema andaluz?

—El problema de Andalucía es de incentivos perversos. Es un sistema que desincentiva el emprendimiento y el trabajo. El caso de los cursos de formación es muy evidente. Dejando al lado la parte que es fraude, está completamente desligado de la realidad de la empresa y se convierte en un elemento de frustración para el propio trabajador que quiere participar en el mercado laboral. El problema de Andalucía es muy evidente y viene de los errores de un sistema intervencionista. Además, tenemos ejemplos de lo que funciona en España, como el País Vasco, donde pese a la brutal reconversión industrial que ha tenido, gracias a una fiscalidad atractiva y al apoyo a la pyme y los autónomos, no solo se ha cambiado el patrón de crecimiento, sino que tienen menos paro y mejores sueldos.

—Usted cree en la libertad económica. ¿Eso no deja a los más pobres abandonados?

—No. No hay ningún país del «top ten» con mayor libertad económica que no tenga un nivel de protección espectacular. De hecho, sin libertad económica es como se pone en peligro la protección social haciéndola insostenible.

—¿Qué mensaje ha dado a los inversores en Sevilla?

—Hay uno positivo y otro negativo. El positivo es que la economía española sigue liderando los países de la Eurozona. Estamos creciendo a una tasa interanual del 2,7% y creando empleo. Pero también existe una incertidumbre muy importante que está pesando en la inversión financiera directa y en la rapidez de creación de empleo que es la política. Sobre todo por las propuestas rupturistas que estamos viendo tanto en el PSOE, como en Podemos e Izquierda Unida, de derogarlo todo, de hacer cambios francamente agresivos, que no se han planteado ni siquiera en Portugal.

—¿Qué tendría que ocurrir tras las elecciones?

—Habría que hacer un pacto de crecimiento y de inversión que garantizase que España siga atrayendo capital y muchas más empresas. No puede haber otro objetivo ahora mismo que no sea el de que España tenga un 12 o 14 por ciento de paro máximo en dos años. No nos engañemos: las propuestas de los partidos constitucionales en lo básico son muy parecidas y es el momento de pensar en lo que les une.

—Usted es nieto de un ministro de Franco e hijo de un sociólogo comunista. ¿Cómo lo ha asimilado?

—En nuestra familia siempre se ha potenciado que cada uno piense desde el respeto como considere, con total libertad. Yo adoro a mi padre y adoraba a mi abuelo y los dos se adoraban entre ellos, y creo que tampoco es una cosa tan rara. En cualquier familia española hay parientes que han sido defensores de Franco y otros republicanos. Lo que yo he aprendido de ambos es la importancia de pensar por ti mismo y de cuestionar tus propios principios, porque los dos fueron extremadamente independientes y críticos en la coyuntura que vivieron cada uno de ellos.

 

ABC

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