Me encanta votar!

 

 

Artículo de Eduardo Maestre

Me encanta votar! Pero confieso que ante cada una de las elecciones que a lo largo de mi vida he tenido por delante, sean generales, autonómicas o municipales, ha habido siempre un momento, un instante fugaz en el que me ha parecido ver con claridad que no debería acudir a meter la papeleta en la urna. Sin embargo, sólo han sido unos segundos; como cuando pasaba por la puerta del Banco de España y me planteaba robarlo con capucha nacionalista vasca, metralleta en mano y mucho jaleo: eran unos segundos, y luego todo volvía a la normalidad; pero durante ese instante, reconozco que me excitaba la posibilidad de atracar ese banco!

Ciertamente, he votado en todas y cada una de las elecciones habidas. Porque la verdad es que me encanta votar! Sólo una vez no llegué a tiempo: daba un concierto en Ceuta con una orquesta de Jerez, y el ferry, a la vuelta, llevaba más retraso que un bolivariano español. Cuando llegué desde
Ceuta a Algeciras –tardísimo!- tuve que subirme en el autobús que nos dejaba a toda la orquesta en Jerez. Luego, cogí mi coche y, por más prisa que me di, llegué a Sevilla cuando los colegios electorales acababan de cerrar. Maldición! Me sentí fatal; porque, a mí, me encanta votar!

Pero a lo largo de estos últimos lustros he ido siendo cada vez más exigente con los programas y las intenciones de los partidos. Si me lo permite mi inestable salud, voy a cumplir 54 años; pues bien, con 35 ya no sabía a quién votar; ninguna de las empresas que se dedican a poner en marcha el Estado a través del uso del Parlamento (esto es: ninguno de los partidos) englobaban, ya hace 20 años, la totalidad de mis aspiraciones sociales, políticas, culturales y económicas. Algunos partidos eran justo lo contrario de lo que yo pensaba que debía hacer un Gobierno! Lo contrario! Otros, sencillamente eran adorables, naif… pero fuera de la realidad. Y alguno había con el que podía sentir afinidad; no total, pero sí en buena parte de su oferta. A ése votaba, claro!

Luego, apareció UPyD, partido al que presté toda mi atención por haber visto que entre sus filas se intercalaba una luz iridiscente, un ser superior: Fernando Savater. Me dije “si ahí está Savater, ahí debe de estar la Inteligencia!” Y comencé a seguir las declaraciones de Rosa Díez, pese a lo sospechosa que era para mí una exdiputada socialista. Pero, para mi sorpresa, pude comprobar que el programa que presentaban ofrecía barbaridades como la unidad de España ante todo, la supresión de los privilegios vasco y navarro, etc. Desde que nacieron como empresa, les he votado en todos los comicios; hasta que, tristemente, han desaparecido del arco parlamentario; un arco que, con la irrupción de Iglesias y su troupe de amamantadoras, rastafaris, comefuegos y besucones puede llamarse sin duda arco gótico.

Pero los años y las malas compañías me han ido aclarando algunos conceptos esenciales sin los que no sé cómo pude hasta ahora hablar de Política en los bares! Me ha costado un tiempo enterarme, porque al principio escuchas unos argumentos y unos conceptos que te resultan no ya chocantes sino diametralmente opuestos a lo que en principio significaban! Empecé a interesarme por otros Parlamentos occidentales; a ver cómo funcionaban los diputados de otros países, qué relación tienen con sus votantes, a quiénes se deben; comprendí por fin que aquello que se oye desde Alfonso Guerra –el Asesino de Montesquieu-, ese concepto vagoroso conocido como separación de Poderes no se refiere stricto sensu sólo al Poder Judicial, sino que afecta también al compadreo y -perdón por la palabra- al mamoneo que hay entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, confundidos desde la sobrevalorada Transición como se confunden las bolas de chocolate y nata en una copa de helado que llevara una hora al sol.

De pequeño me llamaba la atención que en las películas norteamericanas siempre se postularan ciudadanos independientes para ser elegidos congresistas. Los veía muy apegados al barrio, al distrito, a la parroquia: nada que ver con lo que en España hemos conocido como políticos! Sólo tienen que ver la maravillosa película El hombre que mató a Liberty Balance para comprender lo que les digo. O la inquietante Taxi driver. Y muchas más! Los norteamericanos siempre han presentado al Fiscal del Distrito aterrorizado ante la posibilidad de tener que llevar a la silla eléctrica a un delincuente negro poco antes de las elecciones! La comunidad afroamericana (sic) se le pondría en contra! Y es que en Yanquilandia, a los fiscales de Distrito también los elige el pueblo!

Es asombrosa la diferencia que existe entre una democracia como la norteamericana y la paródica y de papier couché que nos gastamos los españoles! Y sin que la inmensa mayoría de nosotros sea consciente de que lo que tenemos en España desde el 78 no se parece en nada al único sistema de Gobierno que nos podría acercar a las orillas de la Libertad. Y digo acercar, y no llevar, porque a ese lugar distópico sólo se llega caminando uno a solas. Pero si además no hay un vehículo que te acerque, entonces estás condenado a reventarte andando sin conocerlo nunca!

Después de hablar con amigos de este mismo diario digital, de escuchar podcasts interesantísimos y de leer y ver artículos y vídeos de importantes pensadores políticos caí en una duda muy seria. Porque a mí, amigos lectores, y no sé si lo he dicho, me encanta votar! Y es que, no lo duden, cuando se vota en unas elecciones generales en cualquier país del mundo, uno está conjurando y pisoteando el cuello de la Bestia, doblegando la cerviz del animal que enarbola los más bajos instintos de supremacía. Cuando uno mete su papeleta en una urna, está domesticando la fiera que alimentan en su guarida oscura los clanes y las tribus! Si no fuera por las feísimas papeletas que entran en esas urnas, cada cierto tiempo asistiríamos al degüello público de los jefecillos de los clanes y sus acólitos! Afortunadamente, cada papeleta que entra por esa ranura de metacrilato es un machete que se ha quedado en casa!

Pero cómo votar ahora? Cómo elegir entre la exigua oferta que estas empresas públicas financiadas por el Estado nos presentan? Cómo puede uno ya acercarse felizmente a las urnas y esperar ilusionado en la cola, detrás de la clásica señora mayor, para conjurar con la papeleta al monstruo de la barbarie? Cómo, después de saber que existe una región en el mundo occidental en la que los diputados salen del corazón del barrio? De qué modo, sabiendo esto, puede un español volver a depositar su confianza en mujeres y hombres desconocidos que en innumerables casos ni siquiera han nacido en la ciudad por la que se supone que van al Congreso? Cómo van a representar las aspiraciones no ya políticas sino laborales, económicas y hasta emocionales de los ciudadanos a los que deberían prestar su voz?

Con qué voluntad democrática puedo bendecir un sistema electoral que premia sin excepción al voto nacionalista, a los separatistas y a los golpistas de siempre? Con qué ánimo puedo acercarme a las urnas a refrendar un sistema de partidos herméticos, blindados, en el que cada integrante de la lista es un perfecto desconocido que sin duda se debe a sus jefes de filas y que de ninguna manera tiene ni siente un débito hacia sus votantes porque, en efecto, nada nos debe?

Cómo puedo ya acercarme a las urnas para con mi sagrado voto dar por buena una situación política en la que a las claras los Poderes no es que no estén separados, es que son la viva imagen de la Materia antes del Big Bang? Cómo meter esa papeleta prístina en la urna, sabiendo que los jueces del Tribunal Constitucional están sacados de las filas de los partidos y que al Fiscal del Estado –nada menos!- lo elige el Gobierno de turno? Cómo dar mi nihil obstat a que el Legislativo y el Ejecutivo sigan siendo un magma común que impide que el Gobierno sea controlado por el Parlamento?

A qué engendro político puedo confiar mis expectativas, la suerte que correrá mi trabajo, la instrucción que recibirán mis hijos sabiendo -como ahora sé- que en otros países los diputados se postulan desde el Distrito en el que viven y se han criado, con dinero privado y con la certeza de que si no cumplen con sus votantes pueden ser revocados, sustituidos por otro que cumpla, y a tomar por saco? Cómo narices, después de haber conocido en una fiesta a la mujer de tu vida, y sabiendo que está libre, puedes conformarte con la más lerda de tu entorno?

No, amigos lectores; ya no puedo votar como siempre he votado! Ni siquiera a ese partido al que consideré -y sigo considerando- el único grupo político íntegro de España, también conocido como UPyD. Porque el problema no es que no me parezcan bien sus propuestas programáticas, sino que la estructura toda del Estado español, protegida y blindada por la Ley Fundamental de 1978 –que antes llamaba Constitución, y que ahora no puedo llamar así-, se me ha revelado como un gigantesco espejismo, un falso oasis de cuya agua irreal he estado bebiendo casi cuarenta años. Ahora sé por qué jamás saciaba mi sed: es que no era agua!

Es más: veo los debates políticos y las declaraciones de los supuestos líderes que concurren a las elecciones del 26 de junio, y, como me ha dicho recientemente mi querido amigo Luis Escribano, “parece que estoy viendo Matrix!” Coño! Es que estoy viendo Matrix! Porque ahora que todos ellossaben que hay una alternativa infinitamente superior; sé que conocen perfectamente –son políticos, joder! Algo sabrán de cuestiones democráticas!- que la Constitución española (ahora la llamo así para no liarles más) establece unas diferencias entre las distintas regiones de España que son un agravio para el resto; es imposible que todos estos políticos profesionales no sean conscientes de la locura que supone que por Ley haya regiones que no paguen impuestos al Estado; por todo el morro!

Ellos saben que los nacionalismos existen porque en ese remedo de Constitución se les blindó para los restos; saben que los diputados uninominales de Distrito, revocables, son la verdadera molécula hábil para conformar un organismo que funcione de verdad. Son absolutamente conscientes de que los sindicatos y los partidos no pueden ser financiados por el Estado sin que esta condición anuleautomáticamente su capacidad mínima para representar al pueblo en ningún caso!

Los que se van a volver a presentar el 26 de junio a las elecciones son plenamente conscientes de que unas elecciones presidenciales –y otras legislativas- a dos vueltas quitaría de en medio a todos los búnqueres nacionalistas/separatistas, despojándolos de la capacidad de destruir el organismo que paradójicamente les da de comer! Unas elecciones a dos vueltas que otorgara sin dudas el Poder transitorio por mayoría absoluta al Presidente elegido; Presidente que constituiría su Gabinete segúnsu criterio; sin pactos; sin consensos; sin modificaciones a posteriori del programa planteado antes de las elecciones.

Todo esto lo saben los socialistas, los peperos, los podemitas y los ciudadanitas perfectamente! Y callan como miserables. Especialmente doloroso fue comprobar cómo los dos súper chachis, las dos jóvenes promesas del cambio (qué cambio? …Dios mío!) han profundizado en la técnica del silencio más absoluto respecto a este asunto de la ausencia total de Democracia en España. Han hablado y hablan, hasta cansarnos a todos, de política vieja y nueva, lo cual es un disparate si asumen, como han asumido desde el principio, la ausencia de representatividad real de los diputados, la inexistencia de separación de Poderes y la afición malsana por consensuar entre partidos antagónicos o -qué más da!- afines. Los veo hablar del cambio, de la alternativa de progreso, de la gente, de la España moderada y se me revuelven las tripas!

Qué cambio ni qué niño muerto?! Somos el país con más carga política y administrativa del planeta! Los pobres españoles llevamos a hombros desde hace 38 años, como Atlantes indestructibles, los gastos de mantenimiento, manutención, vacaciones, dietas, edificios, asesores, coches, chóferes y pluses de 17 Gobiernos autonómicos más un Gobierno central! Cada reino de Taifa de esos diecisiete ha montado, además, una superestructura administrativa paralela, alejada absolutamente del Derecho, para garantizar la supervivencia del partido político hermético y blindado que marca caprichosamente el destino de los ciudadanos de cada región! Esto es insufrible! E insostenible!

Cree alguien que alguno de éstos va a decir “ya basta de machacar a los españoles”? De ninguna manera! Cada Comunidad Autónoma supone un cortafuegos frente a un hipotético levantamiento popular. La desmembración de la nación española ya es un hecho, y sin necesidad de que ningún bedel con peluca proclame la independencia desde el balcón de su oficina! La existencia de las Autonomías garantiza la supervivencia del régimen de partidos, y este sistema partidocrático blinda como la doble coraza de los submarinos atómicos cualquier intento de representatividad ciudadana, cualquier posibilidad de independencia judicial, cualquier pretensión de juzgar a político alguno por malversación, felonía, sedición, corruptela o nepotismo.

Nadie dimite nunca. Y cuando lo hace, es portada de los periódicos por lo inusual del caso. Y nadie dimite jamás porque la dimisión implica renunciar al compromiso adquirido con alguien a causa de haber incumplido un pacto previo, y como el único pacto al que se adscribe cualquier político español es con su partido y no con sus votantes, pues por muchas burradas que les veamos hacer, como nada nos deben a los ciudadanos, ahí se quedan, en sus despachos y con sus sueldazos. Entérense ustedes, amigos lectores: no tienen que romper un pacto con nosotros porque no pactaron nada con los que les votamos, sino con quien los puso en las listas!

Fíjense ustedes, amigos que arrastran la tremenda locura que supone leer El Demócrata Liberal, que no he hablado hasta ahora de ideologías, programas o intenciones políticas. Y no lo voy a hacer. Porque lo que por primera vez en mi vida me impide acercarme a votar el próximo 26 de junio no es que en el top manta que estos amancebados despliegan cada día ante mis ojos no encuentre una ganga que llevarme a casa, sino que no se puede levantar una nación comprándoles siempre a los del top manta! Porque yo sé que existen otros comercios, otros establecimientos, otras tiendas cuyos dueños pagan impuestos y están sometidos a la fiscalidad y a la Ley! Los he visto y ya no puedo olvidarlos! No quiero más productos baratos, falsificados, sin garantías, sin datos del fabricante, sintrazabilidad!

Trabajo como un mulo! Pago un 25% de impuestos de mi sueldo cada mes, aparte de los que pago al llenar mi depósito de gasoil para ir a trabajar, o cada vez que compro una botella de tinto! Estoy pagando contribución por tener una vivienda, tasas por tener coche y hasta impuestos por el mero hecho de existir! Y ya que no puedo evitar pagarles la fiesta, me niego a seguir aplaudiéndoles el baile a todos éstos que se callan como miserables! A todos estos políticos españoles, conocedores profundos de que están ocultándonos una vida mejor!
Cómo quieren ustedes que vaya a votar a éstos? Por qué habría de hacerlo? Cómo refrendar esta misa negra que se celebra en España cada cita con las urnas? Cómo, después de saber que existe una posibilidad de alcanzar la verdadera Democracia y que son precisamente estos candidatos (y sus cohortes semovientes) los más interesados en que no la tengamos nunca? No se dan cuenta ustedes de que me han arrebatado uno de los mejores momentos de la vida, que era el de acercarse a las urnas con la ilusión de la libertad? Cómo voy a volver a votarles, con lo que ahora sé? Es que no ven ustedes que me han jodido vivo?

Me he llevado un sofocón tremendo, saben ustedes? Porque, a mí, me encanta votar!

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