El exdirector de Salesianos: «He sido un niño entre niños»

López Luna niega ante el tribunal haber cometido abusos sobre sus alumnos y afirma que mantenía una relación «cercana» como método educativo

 

«Voy a declarar. Voy a responder». El exdirector del colegio Salesianos de Cádiz acusado de abusos sexuales y agresiones físicas a menores por los que la Fiscalía le solicita en total 38 años de prisión se sentaba este jueves en el banquillo con muchas ganas de hablar. Tantas, que durante su declaración y en varias ocasiones era apercibido por el tribunal por extenderse en sus respuestas al fiscal. «Perdón. Quiero que me entiendan como persona y lo que he pasado. Es mi momento y quiero explicarme», se excusaba.

Con voz alta y clara comenzaba a exponer su versión de los hechos y admitía las preguntas del fiscal y de su defensa, aunque se acogía a su derecho de no responder a las cuestiones del abogado de la Junta de Andalucía, que representa a uno de los 14 menores implicados.

A preguntas del Ministerio Público, López Luna negaba todas las acusaciones que se le imputan. Según explicó, su forma de dirigir y educar se basaba en un estilo «cercano», cuya intención no era otra que «empatizar» con los chicos, sobretodo, con aquellos que tenían dificultades educativas especiales, a los que «siempre» intentó «ayudar».

A este respecto negaba que existiera un protocolo especial para que los niños que así lo disponían utilizaran un «sistema de créditos» que consistía, según el escrito de acusación, en ir a su despacho y a cambio de someterse a juegos sexuales, agresiones, recibir chucherías y en uno de los casos, dinero, poder faltar a clases o no presentarse a los exámenes que quisieran.«No he golpeado a nadie. Tengo una trayectoria educativa clara. Fui director del colegio de Badajoz y luego en Cádiz y por donde he ido jamás he tenido ningún problema. Hay niños que se empeñan en deformar la relación», afirmó.

Juegos pero «sin golpes»

Según admitió en la sala, para lograr esta «cercanía» se llegó a «rebajar al nivel» de los alumnos, jugando con ellos «como uno más». «He sido un niño entre niños y ése fue mi error, lo admito». López Luna reconoció que jugaba pero sin golpes y nunca con ánimo libidinoso. En cuanto a los diferentes ‘juegos físicos o de índole sexual’, descritos a partir de las denuncias, el sacerdote no quiso entrar en detalles. «Los hacían entre ellos. No voy a entrar a explicarlos porque yo no tuve nada que ver».

«A mi despacho entraba y salía todo el mundo. Nunca cerraba la puerta»

Sobre si realizaban recreaciones de anuncios de televisión en los que, supuestamente, se cometieron algunos de estos abusos, López Luna explicó al tribunal, que preside Manuel Grosso de la Herrán, que dicha iniciativa fue una propuesta que llegó al centro gaditano desde Badajoz y que los citados vídeos se llegaron incluso a colgar en un blog del colegio. «Los anuncios los proponían los alumnos». En este sentido, el fiscal le cuestionó sobre un episodio en el que, presuntamente, el exdirector llegó a untar espuma de afeitar por el cuerpo de uno de los menores, lo que fue tajantemente desmentido de inmediato por el sacerdote. «¡No, no vaya por ahí!».

Durante su declaración, el docente se mostró especialmente combativo en algunos momentos. Incluso llegó a recriminar al fiscal que, en su opinión, no haya tenido en cuenta el expediente académico y la trayectoria de los denunciantes. Javier López Luna cuestionó el testimonio de los niños, «conflictivos y con necesidades educativas y familiares especiales», precisó.

El método de un director «accesible»

Tras las preguntas del Ministerio Público, López Luna se sometió a las de su defensa, dirigida por el letrado Manuel Montaño. Comentó entonces que aplicó el mismo método en el colegio de Salesianos en Badajoz que dirigió durante cinco años y que consiguió colocar el centro escolar «en el ranking de los 100 mejores colegios» de España. «Mi forma de educar ha sido siempre la misma», un método que le valió su llegada a la dirección del gaditano y que le labró la fama de ser un director «accesible», que tenía con los alumnos un trato «de tú a tú», y que le llevaba a tener las puertas de su despacho «siempre abiertas». «Ahí entraba y salía todo el mundo. Nunca he cerrado la puerta», aseveró.

«No supieron entender lo que yo quería hacer por ellos y al final se han aprovechado de mi»

Dicha forma de entender la educación, desde la proximidad, «implicaba entrar en sus juegos». López Luna admitía en respuesta directa de su abogado que sí entró en esa interacción con ellos pero negó haber cometido algún tipo de abuso o agresión. «No supieron entender lo que yo quería hacer por ellos y al final se han aprovechado de mi persona». Como indicó, él se esforzaba por ofrecerles alternativas, pero algunos no entendieron su objetivo sobretodo cuando no les era favorable. «Ninguno de ellos fue de excursión de fin de curso como castigo. Creo que nunca me lo perdonaron».

Los menores sí declararán

El juicio continuará la próxima semana con los testimonios de los alumnos. Finalmente, a petición de la defensa en las cuestiones previas el tribunal admitía que declaren en sala. Consideran que está justificado que den de nuevo su versión de forma presencial ya que la mayoría ronda ahora los 17 años de edad. Por otro lado, la defensa aportó nuevos mensajes del móvil del sacerdote, además de la sentencia que condenó a una multa por agresión a López Luna de los familiares del menor que puso la primera denuncia.

Una agresión de unos familiares, la antesala de un «calvario» para el sacerdote

El abogado de López Luna presentó ante el tribunal una sentencia que condenó a pagar una multa a los familiares del alumno que puso la primera denuncia. Según el testimonio del exdirector, estos familiares (madre y tío del menor), irrumpieron en su despacho el 12 de julio de 2013 y a empujones lo tiraron al suelo. Al salir, el tío, «miembro de un grupo de rock satánico» le dijo: «No hay Iglesia como la que arde». López Luna destacó que esas mismas personas acudieron después a la Policía a interponer la denuncia por abusos, cuando ya él los había denunciado por agresión. El docente contó además que justo ese alumno le causó cierta sorpresa cuando lo conoció el primer día que le daba clases de religión. «Me dijo que no quería darlas, que la Iglesia tenía mucho dinero y que los curas eran todos unos pederastas».

 

 

 

LA VOZ DE CÁDIZ

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