El oficio de censor

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Camilo José Cela fue censor durante el franquismo, un oficio que le sirvió para comer antes de tener éxito como literato,  y del que prefirió olvidarse en su biografía porque, si existe un trabajo del que nadie puede enorgullecerse, es el de usador de tijeras o tachador de letras de las obras que otros crearon o escribieron.

Si se trata de elegir oficios más dignos, Joaquín Sabina nos ofrece una panoplia de posibilidades  que van desde ser “billarista a tres bandas, insumiso en el cielo, dueño de un cabaret, arañazo en tu espalda, tenor en Rigoletto, pianista de un burdel, bongosero en la Habana, casanova en Venecia, anciano en Shangri-la o polizón en tu cama”,  pero una de las cosas que más vergüenza deberían dar es la de ejercer como represor de las ideas.

El pensamiento no puede tomar asiento, que escribió  Aute y me recuerda, de vez en cuando mi amigo Luis Perezagua, cuando disiente amablemente de lo que escribo, y por esa inapelable razón nadie está legitimado para coartar la libertad de información y de expresión, y tampoco para manipularla.

Cuento esto a propósito de una de las últimas iniciativas legislativas que, cuando sonaba el gong de segundos fuera de esta breve legislatura, presentó Podemos en el parlamento para regular el funcionamiento empresarial de los medios de comunicación, con el argumento de que la iniciativa privada es perversa, y la libertad la garantiza solo los poderes públicos.

Esto enlaza con una afirmación que hizo Pablo Iglesias en el programa de la Sexta “El Objetivo” que dirige y presenta Ana Pastor, en la que dijo textualmente: ” La existencia de medios de comunicación privados ataca la libertad de expresión”.

No me apetece hacer un juicio de intenciones sobre esa afirmación para no redundar en lo que parece obvio, pero sí puedo afirmar lo contrario a lo que dice el líder de Podemos,  porque la influencia del poder político de turno los medios de comunicación públicos es incontestable, como lo es en todos los estamentos, supuestamente independientes, en los que coloca a sus comisarios.

Regresar a la etapa de los censores en nómina bajo la supervisión de los poderes públicos, es una pretensión inútil y vergonzante.

Hoy en día conocemos por los medios de comunicación todas las vergüenzas de quienes nos gobiernan, y precisamente porque existen medios privados existe pluralismo informativo.

Escuece la critica a quienes están acostumbrados a que le hagan la ola los suyos, pero no hay forma de ponerle puertas al campo: las redes sociales están ahí, y la pluralidad ideológica también.

DIEGO ARMARIO

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